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Terra
La Coctelera

Solo era una confusión

SU pálida piel, su pelo, todo su cuerpo, es idéntico a los suyos, pero no puedo verle la cara. Pero no puede ser. Debo estar muy cansada, tanto que mi subconsciente, si aún me queda, me juega malas pasadas. Sigo mirando a través de la ventana. No entiendo el por qué, pero mi cuerpo está totalmente paralizado. Creo que Silencio me habla, pero no alcanzo a escuchar. En mi mente solo hay un profundo silencio, totalmente ocupada por la imagen que veía. Noto otra nueva sensación, pero no puedo identificarla de ningún modo.

POR fin despierto del estado ausente. Ella, que yacía en la cama, plácida y profundamente dormida hasta hacía tan solo un momento, se ha levantado. Lleva tan solo un camisón de seda, que deja ver sus bonitas formas femeninas. La sensación extraña crece por dentro. Intento conectar con su mente, pero me resulta difícil. Por fin lo consigo, no sabe que estoy aquí, aunque nota una presencia, pero no tiene miedo.

QUEDO hipnotizada, y, como si de un imán se tratara, una profunda atracción me empuja a entrar. Entro, casi sin darme cuenta. Noto que ahora siente muy fuerte mi presencia, empieza a tener miedo. La miro, sigo completamente hipnotizada. Siento como el miedo la invade hasta el punto de no poder girarse. La siento.

EMPIEZA a girarse, muy poco a poco, tiembla, le cuesta respirar, ya es mía, ya soy dueña de su mente. Empiezo a verle la cara, mi corazón se para. La veo.

Vuelta a la realidad

SILENCIO grita, no sé que pasa, de golpe despierto de la ensoñación, sigo sentada en el suelo, frente a ese bonito, frágil e inerte cuerpo. La luz de una luna muerta hace ya mucho entra por las pequeñas rendijas de la ventana. El ambiente, frío y fúnebre, a mi parecer, acogedor. Miro al cielo por una de las rendijas que quedan a mi altura, la luna esta muy arriba, hace más de dos horas que es de noche, toca el siguiente gusano, aunque me encuentro dolorida y sin humor.

ME levanto con cierta reticencia, pues a causa del dolor la gravedad se me hace más pesada que nunca. Me estiro, enfundo mi puñal en un bolsillo de mi capa. Miro un momento al suelo. Ese precioso cuerpo, parece que se ría con desprecio de mi nueva debilidad, pero no he de dejarme absorber por los miedos y sentimientos humanos, que para mí son un defecto que ha de solucionarse. Bien, ya es la hora, toca cacería.

VOY caminando por calles imposibles que a la luz de la noche son como laberintos sin salida para cualquier persona, me conozco esto, pues yo estoy aquí, en esta absurda ciudad desde... ¡No! No puedo volver al pasado otra vez, he de mantener mi mente fría. El ruido del viento en mi capa es lo único que ahora se escucha. Silencio me indica el lugar donde el nuevo gusano espera su ida.

OTRA vez me encuentro debajo de una ventana de la segunda planta de una casa bastante aislada. No estoy muy animada, de todos modos he de hacerlo, ya que las reglas han cambiado desde que está Silencio conmigo, ahora debo hacerlo el mismo día, no puedo ni observar, ni aprender. Subo sigilosa, escalando cual gato negro en la oscura noche. Y miro por la ventana. No, ¡no puede ser! Ella... ¡No!

Es hora de descansar

MIS pensamientos no dejan de crear absurdos planes para poder olvidar o aliviar el dolor que aún siento por dentro, un dolor diferente al de la tortura a la que estuve sometida, la auto tortura, quizá, por llamarlo de alguna manera. Hoy no es un día para cazar, es más para recordar, para liberar mi mente de ella y todo lo que tiene que ver con ella, es un día para no existir. Silencio me habla, pero no le escucho, casi ya ni le oigo, y vuelvo sin quererlo a la época de cuando yo era alguien, cuando mi vida se ligaba a otras personas, cuando me sentía dueña de todo.

YO tan solo era una niña feliz, querida por todos, o por casi todos. Sucedió aquel fatídico día de invierno. Mi madre y mi padre me obligaron a ir, aunque yo no quería, él me daba miedo. El hermano de mi abuelo, Sir Claude, un conde de nivel, sin esposa, sin descendencia. Iban a discutir sobre algo relacionado conmigo, según escuché, quería tener algún heredero o heredera de su fortuna, y yo era una buena candidata. Discutieron largo rato sobre mí, yo, esperaba ausente sentada en el pasillo, donde había gente que iba de arriba abajo, como si estuvieran preparando una ceremonia o una fiesta. Yo estaba sentada en una silla alta, de donde me colgaban los pies. Tan solo tenía ocho o nueve años, aunque ya tenía cierta conciencia sobre el sentido que podía tomar mi futuro según la decisión discutida en la sala donde estaban mis padres y... él, aunque me mantenía ajena a lo que sucedía dentro de la sala, alcanzaba a entender algunas expresiones y frases sueltas como “no es justo, tan solo es una niña”, “estará muy bien en compañía de...”, “por mucho dinero que...”, “su futuro puede tomar muy buen...” y otras de ese estilo, hasta que cerré los ojos y me dormí.

MIS padres me despertaron, miré a mi madre, era evidente que había llorado, pero se me escapaba la razón. Los dos, que solían tener una expresión solemne en la cara, ahora estaba desencajada por el dolor y la pena. Mi padre me cogió en brazos, y me llevaron hasta el interior de la sala, donde él estaba sentado en un sillón de terciopelo rojo. Se levantó, era un hombre alto, de unos cuarenta y tantos años, con la expresión de superioridad habitual entre la gente de mucho dinero y mucho egoísmo. Al verme se le dibujó una sonrisa malvada y perversa, apagó la pipa que estaba fumando y se acarició la perilla y el fino y cuidado bigote con una acción obsesiva. Mi padre me bajó al suelo, yo me abracé a su pierna con miedo. Sir Claude se agachó hasta llegar a mi altura y me sonrió con la misma sonrisa perversa de antes, después se levantó, miró a mi madre y después a mi padre con una expresión controladora y por fin dijo: “será un placer convertirla en mi esposa”.

Un nuevo gusano ha exterminar

ME despierto repetidas veces durante la madrugada, como no necesito dormir mucho, unas dos o tres horas, según el cansancio, salgo de mi guarida. La luz del alba me baña la cara y de nuevo vuelvo a sentir la sensación de anoche, la que yo identifiqué como tristeza. Silencio me advierte que no es bueno que me rinda a las sensibilidades humanas, que tenemos que ir a por el siguiente gusano.

SILENCIO me indica donde puedo encontrarle. Me lleva hasta un edificio alto, de unos ocho pisos, su ventana queda en el tercero. Entro con el mismo sigilo que el propio silencio, aunque todo esta totalmente cerrado. Él está allí, sentado en su despacho, al frente de un escritorio enorme. Es un hombre de avanzada edad, unos cincuenta y tantos, sin familia, sin sueños, solo con dinero. Parece contento. Pero oigo como grita en su interior. No está satisfecho con lo que tiene, quiere más. Lacra para todos. No me demoro mucho, aunque las almas tan pútridas de este tipo de gusanos no vale mucho, he de absorberlas todas del todo.

ME acerco rápidamente hasta quedar detrás de él, no sabe que estoy allí, le susurro al oído que es el final de su codicia, y hundo mi puñal en su corazón, tan frío y pútrido como él mismo. Hago desaparecer todo indicio de que haya estado allí y vuelvo a mi guarida de nuevo. Silencio grita, alegre de que haya vuelto como él me había dejado alguna vez, sin escrúpulos, sin miedos, fría como el hielo. Pero al llegar a mi refugio de la realidad, tomo conciencia de que allí sigue donde lo dejé, el cuerpo inerte de lo que yo creía un ángel.

No entiendo por qué

ACERCO mi cara a la suya y le susurro que ya va ha dejar de sufrir. Otra vez esa maldita sensación. No, no puede ser, está gastando sus últimas fuerzas, abre los ojos. Me quedo paralizada, su mirada es penetrante y no refleja ningún temor. Suavemente me besa en la mejilla, y después queda inerte en el suelo. Todavía vive su cuerpo, pero su alma a muerto. Silencio me felicita, he cumplido la misión, solo me queda comer su carne, pero no lo haré, conservaré su cuerpo, al menos... de momento.

HAGO desaparecer todo rastro de lo que ha ocurrido, y huyo hacia mi guarida. Una sensación de tristeza me invade. Silencio ya no habla, solo grita de alegría. Ya no tenía hambre, no tenía deseo. No quería que sucediera así, yo tenia que controlar su muerte, pero ella fue libre hasta el último momento.

INTENTO descansar en mi guarida, liberar mi mente de cualquier pensamiento, ha sido una noche difícil.

El momento llega

ME acerco, alzo la mesa sin que se de cuenta. Me la encuentro acurrucada, temblando. Eso me inspira cierta sensación de pena, pero Silencio grita una sola palabra: ¡ahora!
Mi boca se encuentra ahora cerca de su cuello, sin titubear le quito la voz intentando que le haga el menor dolor posible. No puede ser, ¡otra vez esa fortaleza! Mi deseo crece, la tiro en el suelo, me acerco lentamente. Silencio me grita que no lo haga, que me deje de juegos y que vaya directa, pero esta vez no le haré caso. Un momento, se mueve, ¿qué intenta? Otro error, he dejado de leer sus pensamientos. Miro hacia atrás con el tiempo justo para apartarme. No soy la única que tiene un puñal. Se lo quito suavemente, sin esperar ni un segundo.

ESTA vez voy a ser más despiadada. El estúpido intento de eliminarme no le ha servido más que para aumentar mi apetito y mi deseo. Silencio me dice que haga lo que quiera, pero que no falle de nuevo. Con total calma sacio mi primer deseo, ¡que pena no oír sus gemidos mientras lo hago! Todavía la mantengo con vida y sus lágrimas no dejan de brotar de sus ojos. Siento que sabe que ha llegado el final, me lo pide a gritos ahogados en el silencio del pensamiento. Como último deseo suyo, voy a hacer que sea rápido, que no sufra. Siento como su alma se va debilitando cada vez más.

Llega el momento

SILENCIO me pide que no titubee ni un momento, que sea rápida y que la haga sufrir. Asiento, aunque no muy segura de si cumpliré de esa manera. No la veo por ninguna esquina de la habitación, aunque escucho su temor, aunque su odiosa fortaleza sigue ahí, pero se ha debilitado. Sabe lo que he hecho con sus guardias, ella también lo ha visto. Espera, oigo algo, una débil respiración entrecortada por el terror de lo inevitable, sí, es ella. Está muy cerca, la noto, cómo de nuevo noto la atracción por ella. Ya está, ya sé donde está. ¡Seré idiota! Buen escondite, debajo de una mesa en el centro de la habitación. Pero ahora no te será tan fácil.

Sin sangre, sin voz, vía libre

ME acerco sigilosa a la ventana, no se percibe ningún movimiento que indique que alguno de los que me intentan coger sepa que estoy tan cerca de ellos. Silencio dice que podría arrancarles el alma, tan pútrida como las demás, pero prefiero no hacerlo, al menos no hasta que no descubra dónde se encuentra ella.

ESPÍO sus pensamientos, tienen miedo, no saben a lo que se enfrentan, aunque se refugian en la idea de que con sus armas de fuego podrán detenerme, jaja! Qué ingenuos! Uno de ellos piensa que no debería estar allí la niña, ¿la niña ha dicho? Espera, hay otro pensamiento, y yo solo veo tres figuras en la habitación, es ella.

LA ventana está totalmente cerrada, pero no es ningún inconveniente para mí. Con un movimiento de mano consigo abrir el justo espacio para que entre. Se han dado cuenta de que se ha abierto y el guardián situado al lado de la ventana apunta al hueco mientras cierra, pero yo ya estoy detrás de él, arrancándole la voz para que no grite. Con un suave movimiento de muñeca le quito la vida con mi puñal, rasgando su débil cuerpo y absorbiendo su alma. No hago ningún ruido. Le siento sigilosa simulando un movimiento natural y con su voz digo que estoy cansado. Los otros mantienen un total silencio. Con el segundo guardián voy más directa, no necesito robarle la voz, le dejo como está, apoyado a la pared. Con el tercero, lo mismo. Ahora solo estamos ella y yo en la habitación.