ME acerco sigilosa a la ventana, no se percibe ningún movimiento que indique que alguno de los que me intentan coger sepa que estoy tan cerca de ellos. Silencio dice que podría arrancarles el alma, tan pútrida como las demás, pero prefiero no hacerlo, al menos no hasta que no descubra dónde se encuentra ella.

ESPÍO sus pensamientos, tienen miedo, no saben a lo que se enfrentan, aunque se refugian en la idea de que con sus armas de fuego podrán detenerme, jaja! Qué ingenuos! Uno de ellos piensa que no debería estar allí la niña, ¿la niña ha dicho? Espera, hay otro pensamiento, y yo solo veo tres figuras en la habitación, es ella.

LA ventana está totalmente cerrada, pero no es ningún inconveniente para mí. Con un movimiento de mano consigo abrir el justo espacio para que entre. Se han dado cuenta de que se ha abierto y el guardián situado al lado de la ventana apunta al hueco mientras cierra, pero yo ya estoy detrás de él, arrancándole la voz para que no grite. Con un suave movimiento de muñeca le quito la vida con mi puñal, rasgando su débil cuerpo y absorbiendo su alma. No hago ningún ruido. Le siento sigilosa simulando un movimiento natural y con su voz digo que estoy cansado. Los otros mantienen un total silencio. Con el segundo guardián voy más directa, no necesito robarle la voz, le dejo como está, apoyado a la pared. Con el tercero, lo mismo. Ahora solo estamos ella y yo en la habitación.