SU pálida piel, su pelo, todo su cuerpo, es idéntico a los suyos, pero no puedo verle la cara. Pero no puede ser. Debo estar muy cansada, tanto que mi subconsciente, si aún me queda, me juega malas pasadas. Sigo mirando a través de la ventana. No entiendo el por qué, pero mi cuerpo está totalmente paralizado. Creo que Silencio me habla, pero no alcanzo a escuchar. En mi mente solo hay un profundo silencio, totalmente ocupada por la imagen que veía. Noto otra nueva sensación, pero no puedo identificarla de ningún modo.

POR fin despierto del estado ausente. Ella, que yacía en la cama, plácida y profundamente dormida hasta hacía tan solo un momento, se ha levantado. Lleva tan solo un camisón de seda, que deja ver sus bonitas formas femeninas. La sensación extraña crece por dentro. Intento conectar con su mente, pero me resulta difícil. Por fin lo consigo, no sabe que estoy aquí, aunque nota una presencia, pero no tiene miedo.

QUEDO hipnotizada, y, como si de un imán se tratara, una profunda atracción me empuja a entrar. Entro, casi sin darme cuenta. Noto que ahora siente muy fuerte mi presencia, empieza a tener miedo. La miro, sigo completamente hipnotizada. Siento como el miedo la invade hasta el punto de no poder girarse. La siento.

EMPIEZA a girarse, muy poco a poco, tiembla, le cuesta respirar, ya es mía, ya soy dueña de su mente. Empiezo a verle la cara, mi corazón se para. La veo.